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La Razón: "De rey del pop a rey del esperpento" y "Neverland vs. Hotel Glaomour"

Esta cosa formada por papel y grapas a lo que algunos llaman periódico publica hoy dos artículos en los que habla de MJ. El primero a página completa con algo que no habíamos visto hasta ahora una foto de MJ en la época de Thriller junto a una actual para que veamos lo distintos que son... originalidad no les falta... El otro es sobre la entrada de Dinio en ese grandísimo programa que es Hotel Glamour...

Bueno, aquí están:

LA RAZÓN

De rey del pop a rey del esperpento

Grandezas, miserias, narices y excentricidades de Michael Jackson

Se baña en sangre para maldecir a sus enemigos, lleva la nariz postiza, duerme con niños y tiene una réplica del sarcófago de Tutankamon. Las últimas revelaciones sobre Michael Jackson confirman la carrera del astro del pop hacia el número uno en las listas del escándalo y la excentricidad


Todo es excesivo en la vida de Michael Jackson. A los diez años era una estrella de la música; a los veintipocos era multimillonario. Hoy, cumplidos los 44, es un ser de aspecto indefinido (negro/blanco-hombre/niño-varón/mujer) cuyo nombre está ligado más a rarezas y escándalos que a su carrera musical. He aquí algunos de los hechos que han forjado su leyenda.

En 1982 batió todas las marcas de ventas de la historia con el álbum «Thriller». Más de 45 millones de personas compraron el disco, que se mantuvo en el número uno de las listas de éxitos durante dos años y medio. También rompió récords con una canción con fines benéficos compuesta e interpretada por él mismo y otras estrellas: «We are the world» se convirtió en el single más vendido. Otro récord: el de la estrella más filantrópica del firmamento musical, título que recoge el Libro Guiness, por sus generosas donaciones.

Rico y caprichoso

Su fortuna está valorada en unos 800 millones de dólares, aunque se calcula que sus deudas ascienden a 200 millones, debido a sus carísimos caprichos y a varias reclamaciones por incumplimiento de contrato. Posee un rancho de 1.200 hectáreas en Santa Bárbara, California. Se llama «Neverland» («El País de Nunca Jamás», como el hogar de Peter Pan), y le cuesta unos 17 millones de euros al año. Entre otros «juegos», tiene un zoológico con elefantes, jirafas, gorilas y tigres; un teatro de 80 localidades; un parque de atracciones completo, un tren, pista de coches de carreras; y todo ello, cuidado por una plantilla fija de 50 trabajadores.

Es capaz de gastarse seis millones de dólares en una sola tarde de compras. Entre sus últimas adquisiciones destaca una réplica en oro del sarcófago de Tutankamon, por el que pagó 250.000 euros. También compró los derechos de 251 canciones de los Beatles, y los de otras 300.000 composiciones. Otro de sus antojos fue la estatuilla del Oscar a la mejor película que recibió «Lo que el viento se llevó». Le costó un millón y medio de dólares.

Caras y caretas

Jackson niega que sea un adicto a la cirugía plástica. Asegura que sólo se retocó la nariz una vez, y para «alcanzar tonos más altos». Dice también que la decoloración de su piel se debe a una enfermedad cutánea y que simplemente ha cambiado por el paso del tiempo. Sin embargo, un vistazo a sus fotos del pasado es suficiente para dudar. Nada queda ya de aquel rostro alegre de rasgos afroamericanos. Dicen que quiso borrarse de la cara todo signo que recordase a su padre, que le maltrató y explotó durante su infancia.

En sus últimas apariciones, su nariz no parecía siquiera real. Según el «Vanity Fair», no lo es; la de verdad se le cayó, destrozada por exceso de operaciones de estética, y que ahora lleva una prótesis de plástico. Entre sus tratamientos rejuvenecedores están también el oxígeno ¬tiene una cámara en casa y viaja a todas partes con bombonas para seguir aspirándolo¬, las mascarillas quirúrgicas para salir a la calle y los baños de agua mineral.

Madres de alquiler

Se ha casado dos veces. La primera, en 1994, con Lisa Marie Presley, la hija de Elvis. La boda se celebró justo después de estallar el escándalo por la acusación de pedofilia contra Jackson. El matrimonio duró apenas dos años, y en 1996, cuando recibió los papeles del divorcio, «Jacko» (como le llaman sus fans), pasaba de nuevo por la vicaría. Se casó con la enfermera de su dermatólogo, Debbie Rowe, una mujer de 40 años que por aquel entonces estaba embarazada de siete meses.

Durante los tres años que duró el enlace, la esposa mantuvo su domicilio en Los Angeles. El acuerdo de divorcio incluía unos seis millones de euros para la enfermera, y le limitaba el acceso a sus hijos. En una ocasión, la mujer comentó que su presencia no era necesaria en la casa del cantante, «porque no sabría qué hacer».

El «rey del pop» tiene tres hijos, y todos llevan su nombre: Michael Joseph Jr., «Prince», de seis años; Paris-Michael Katherine, de cinco, y Prince Michael II, de uno. Los dos primeros son de Debbie Rowe, y el último fue concebido por una madre de alquiler cuya identidad se desconoce. Los niños no van al colegio, siempre salen a la calle con la cara cubierta por un velo o una máscara, y todos los días reciben regalos nuevos.

Los escándalos

Fue su relación con los niños lo que marcó el principio de su declive. Jackson suele invitar a menores desfavorecidos a pasar el día en «Neverland». Algunos se quedan a dormir, y a veces lo hacen en el dormitorio del cantante. En 1993, uno de esos niños denunció a «Jacko» por abusos sexuales. El caso nunca llegó a juicio, por obra y gracia de un acuerdo por el que los padres del muchacho se embolsaron una cantidad que rondaba los 20 millones de dólares. Según el «National Enquirer», el chico, que hoy tiene 23 años, no volvió a dirigir la palabra a su madre.

El artista ha reconocido que duerme con niños, pero asegura que nunca ha habido ningún contacto sexual. En California se ha abierto una investigación sobre su capacidad para convivir con niños, empezando por los suyos. Algo tuvo que ver también el numerito que montó el pasado mes de noviembre, cuando sacó a su bebé al balcón de un tercer piso, con la cabeza cubierta con un trapo, y lo zarandeó para que lo vieran sus «fans».

La última vuelta de tuerca en su estrambótica biografía la ha dado el «Vanity Fair». Esta revista asegura que el cantante pagó 150.000 euros a un brujo africano para que sacrificara 42 vacas en Malí. Era parte de un rito vudú con el que pretendía maldecir a sus enemigos, entre ellos el «Midas» de Hollywood, Steven Spielberg, y que le habría llevado a bañarse en sangre de ovejas.

Michael Jackson dijo una vez que venía de otro planeta, igual que algunos de sus amigos como Elizabeth Taylor o Liza Minelli. «La gente que creció siendo estrella tiene algo en común», comentó entonces. «Eres un encanto, te quieren, pero pasas por cierto estado y ya no te aceptan más. Y la mayoría de ellos se autodestruyen». Tal vez por eso le gusta que le llamen Peter Pan. Y tal vez por eso parece haber convertido su vida en un viaje a ninguna parte.

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Dinio teme que el «glamour» le deje impotente

Hay programas que, además de ofrecer entretenimiento, también cumplen una gran labor social... Es más, no sé si «Hotel Glamour» está dentro de la campaña de Telecinco «Doce meses, doce causas» por haber retirado de la circulación a personajes a los que la fama les ha venido de prestado como Aramis Fuster, Dinio, Encarni, Pocholo Martínez-Bordiú, Yola Berrocal, Juan Miguel, Tamara, Frank Francés, Estíbaliz Sanz y Jorge Berrocal. Populares porque sí o ¿por qué no?, cuyos méritos para ocupar horas en la televisión pasan por la bragueta, la silicona, la capacidad para armar bulla o ser un imán para atraer personajes y desgracias que trascienden la lógica y rompen esquemas. Verbigracia Tamara, personaje digno de un Dickens postmoderno, que parecía una huérfana que difícilmente se adaptará a este orfelinato ¬no sé si llamarlo reformatorio¬, para famosos sin estrella. Mientras se desarrollan los acontecimientos, algunas dudas: Dinio está preocupado por si la abstinencia sexual ¬se ha propuesto no ser infiel a Eliane, aunque su órgano eréctil tiene pensamientos y autonomía propia¬, le va a provocar impotencia. Si es así, ni él todavía sabe lo bien que le va a venir un parón forzoso. Para mí, no es la noche lo que le confunde, sino el esperma, que se le sube a la cabeza. Francés dejará de engendrar hijos no deseados ¬¿pero es que este hombre no ha descubierto el preservativo?¬, y Yola Berrocal nos mostrará a la verdadera Yola, aunque primero tendrá que encontrarse. Como canta Alaska... «¿A quién le importa?». Que no los cambien demasiado. Ser como son es lo que justifica su existencia mediática. No saben lo que se están jugando. Nada más y nada menos que su desprestigio, que es lo que vende ahora.

Y Jackson... ¿por qué no entró?

Desconozco por qué la productora buscó un hotel cuando tenía la casa de Michael Jackson, Neverland, y otro inquilino perfecto, Michael, que, aparte de sus virtudes musicales, también está para que lo encierren. Según una redactora de «Vanity Fair», el cantante hizo vudú a algunos de sus enemigos, como Steven Spielberg ¬¿sería porque no le eligió para interpretar a Peter Pan en «Hook»?¬, o David Geffen, un magnate del mundo de la música. Pues eligió mal a la bruja, comprobada la trayectoria posterior de Steven Spielberg. Eso le pasa por no haber entrado en «Hotel Glamour». Seguro que le cuenta sus problemillas a Aramis Fuster y le hace un buen trabajillo. Por no hablar de lo que hubiese «rajado» con Yola y Tamara de los problemas que dan las operaciones de cirugía estética. Además, hubiese encontrado un buen guardaespaldas en Jorge Berrocal, cada vez más crecido, aunque esté perdiendo estatura moral. Y para sus problemas capilares, ahí está Juan Miguel.
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