Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII
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Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

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Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

Sin ningún ánimo de entrar n debate/discusión acerca del dichoso asunto dejo esta info a modo de curiosidad pero muy interesante desde luego.

https://blogs.elconfidencial.com/esp...spana_1335834/
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Editado por última vez por pussycontrol; 08-10-17 a las 11:34
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Re: Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII



Muy interesante Pussy! no lo sabía.

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El centro de Barcelona, colapsado por miles de personas con banderas de España y Cataluña

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Re: Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

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Muy interesante Pussy! no lo sabía.

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El centro de Barcelona, colapsado por miles de personas con banderas de España y Cataluña

Cuán triste el tener pleno convencimiento de que, entre los asistentes a 'esa' manifestación, figuren sujetos que se declaren conscientemente 'de izquierdas'. Una lástima.

Pero la responsabilidad última no recae, en, como pudiera preverse, en virtud de mis palabras, la derecha. Ella cumple, aunque me pese sobremanera, su función: representar su visión limitada, uninacional y simplificada de España, acorde a las necesidades, inquietudes e intereses de una base social y electoral muy ruidosa, no tan numerosa como pudiera preverse en principio, pero siempre fiel, desde el inicio de los tiempos.

Ha sido la izquierda en su conjunto la que no ha sabido atenerse a las expectativas históricas alumbradas en sus albores, producto de su centenaria andadura plagada de sufrimiento, represión, exilio y, no mucho tiempo ha, muerte y olvido. No ha trabajado a destajo la calle, no se la ha pateado, en aras del enorme complejo de inferioridad que la atenaza crecientemente, conforme van sucediéndose los años y las costuras van agrietándose de forma acelerada en el edificio que ampara al sistema de 1978, consistente en una suerte de 'abrazo aristocrático' al asumir responsabilidades de gobierno y/o de índole institucional, necesitando imperiosamente el refrendo de los de arriba, para que éstos exclamen 'éstos sirven... aunque siempre apostemos por los nuestros'.

España se ha convertido (siempre lo ha sido, de facto) en una tragedia griega, con un pueblo adormecido, ignorado por sus gobernantes (Carlos I siempre antepuso la gobernanza del Sacro Imperio Romano Germánico, por encima de cualquier otra ambición), sumido en la idiocia perenne al albur de siglos de atraso en términos de bienestar social y desarrollo económico y cultural, con una historia tergiversada por los vencedores -siempre, del mismo signo-, con una derecha de las más cainitas de Europa, y, sí, con la izquierda presumiblemente más adocenada y acomodaticia de nuestro viejo continente. España, país expulsora de judíos y moriscos. La defenestradora del erasmismo en el siglo XVI; la que en cuyo seno la Ilustración fue torpedeada por el reaccionarismo (a pesar de las tentativas de Carlos III, el único Borbón digno de cierta consideración); el país del "'Vivan las ca(d)enas!" (sic) ante el regreso triunfal de Fernando VII en 1814, derogando la primera de las Constituciones liberales (1812); el liberalismo democrático en el siglo XIX cedió su testigo a otro más conservador, el doctrinario; el país del spoils-system (o cesantías), del caciquismo, del inframunicipalismo; la España de los Sindicatos Libres (sic).

La de la Ley de Fugas durante la dictadura de Primo de Rivera. Cuarenta años de dictadura, con restos de represaliados y desaparecidos aún presentes en cunetas, sin identificar. El segundo Estado con mayor número de fosas en el planeta, sólo por detrás de Camboya. Una Carta Magna votada por menos de la mitad de los españoles censados mayores de dieciocho años en 2017, trufada de limitaciones, a resultas del turbulento contexto histórico en que vio su advenimiento. Un país aconfesional en la teoría, pero que en la práctica se llevan a cabo, desde los años cuarenta, inmatriculaciones por parte de la Iglesia Católica (requisando bienes de dominio público, dada su potestad de fedatario otorgada por la normativa en pleno período franquista), sin que nadie se conlleve las manos a la cabeza. Un sistema electoral en que no prevalece la divisa del 'un hombre/una mujer, un voto', como sinónimo de proporcionalidad. Unos medios de comunicación, erigidos en la voz de su amo (del gobierno de turno en las públicas; del poder financiero, en las privadas, sin dar pie a la observancia exquisita de una mínima ponderación y pluralidad, otorgando cabida a mayores sensibilidades de izquierda. Medios de persuasión, diríamos, más bien. Independencia de la justicia y separación de poderes, socavada por el poder político. La España rural, abandonada a su suerte. Burbujas y más burbujas (inmobiliaria, crediticia, de alquiler, de trenes de Alta Velocidad. etcétera). Banca pública, ni hablar (y existe en Dakota del Norte -Estados Unidos-). Dación en pago, una imposibilidad intolerable.

Un partido en el Gobierno, aquejado de financiación irregular, y corrupción sistémica. Un Presidente del Gobierno, acusado de percepción de sobresueldos. Un Fiscal General del Estado, José Manuel Maza, reprobado por el Parlamento. Un principal partido de la oposición (que no real, sino institucional) que simula su labor de control al Ejecutivo con iniciativas de corte táctico, siempre denegando la oportunidad de la iniciativa razonable, en último término, si tan censurable (como resulta ser) se antoja un Gobierno como el que se nos presenta en el momento actual: la moción de censura. Una España gobernada, en la sombra, por un tripartito cuasi calcado, con leves matices.

Y, en resumidas cuentas, un sinfín de tropelías, excesos, así como un galimatías propio de un territorio colonizado por locos de atar, muchos de quienes aún consideran al PSOE de izquierdas, a Unidos Podemos de radicales leninistas, o a Ciudadanos de centro-izquierda.

¿Qué se puede hacer contra todo lo anteriormente denunciado? Nada, absolutamente nada, desde mi humilde posición como ciudadano y contribuyente. ¿Dónde ha estado la izquierda durante todo este intervalo de tiempo? Ciñéndose a su papel, desde luego que no. Y si no, vean a prebostes como Felipe González, Alfonso Guerra, José Luis Corcuera o a Juan Carlos Rodríguez Ibarra pontificar, de cuando en cuando, en algunas de las frecuencias de radio y/o televisión más fieles al pensamiento único que nos asiste, viendo aquí plasmadas las consecuencias de semejante dejación de responsabilidades (o asimilación ideológica, como resultado de la senectud, o de otras motivaciones más espurias). No es de extrañar que otros impongan su discurso, sus ideas-eje, y sus frustraciones, y los ciudadanos españoles las prosigan, sin temblarles el pulso y corajudo el ademán. Porque la ciudadanía de nuestro tiempo (no sólo española) se extralimita a reproducir, como papagayos, las consignas del gate-keeper, speaker (o creador de opinión) de turno. Y ya conocemos la correlación numérica y estadística, en favor de la derecha de uno y otro signo, existente en las editoriales.

Sólo desde dicha retahíla de antecedentes puede recabarse alguna explicación lógica que permita calibrar cómo en España, nadie, casi absolutamente nadie con responsabilidad de poder, sopese en su mano la posibilidad de una reforma profunda del ordenamiento jurídico y constitucional, así como de nuestras instituciones y reglas del juego democráticas, pues la necesita sin mayor demora y con urgencia. Aquí, inspirándome en el gran Larra, aunque adoptando el cometido de uno de los exponentes sujetos a su crítica, se parte de la premisa de la inmodificabilidad de la ley, como si ésta hubiera sido emanada de algún tipo de Providencia Divina que escapara por completo a mi capacidad volitiva de discernimiento.

Pero la Ley sí se puede alterar, con nocturnidad y alevosía, en agosto de 2011 en aras de la modificación del artículo 135 CE, en 2014 con la abdicación del Rey saliente, o este mismo viernes, con la salida exprés de las entidades financieras y de crédito, a fin de que sus sedes sociales se hallen radicadas en otros puntos del país. Extraño todo, pues.

O no: desean acabar con lo poco decoroso -en realidad, como bien declarara el ilustre Francisco Giner de los Ríos, se trataba del paisaje, de la orografía rica en su multiplicidad, de nuestro espacio natural- que se alberga en nuestro suelo, para, al término de su peaje, legar a sus sucesores las migajas de un Estado quebrado, fracturado y diezmado por la desesperanza y el desconsuelo. La élite política extractiva, aunada al demoledor déficit de formación e información de nuestra sociedad civil que lo complementan, constituyen (y no el secesionismo) las principales plagas que se ciernen sobre el tenebroso horizonte de nuestra fatalista España.

El gran obstáculo insalvable que se interpone en aras de la reforma integral de nuestro sistema político-institucional y jurídico-constitucional no versa en torno a caracterizaciones de índole jurídica y/o normativa, sino de carácter ideológico. En toda transformación, o redefinición de lo antaño existente, se asiste a un nuevo reparto -en la mayoría de las ocasiones, más equitativo- en la tarta del poder, y muchos -en Madrid- no se muestran dispuestos a ceder parte de sus posiciones de primacía, legadas del régimen autoritario predecesor. Y la izquierda, mientras tanto, en Babia. Porque es conocedora, en el fondo, de que su electorado no comparte ni comprende su visión plurinacional, pues no se les concienció de ello en el pasado, pues tiempo prudencial hubo para ello. De ahí su alineamiento con la ambigüedad calculada, o también denotada como equidistancia. Un discurso en Cuenca, otro en Álava. Un tercero, en Tarragona, un cuarto en Cáceres. Quien se adueña de la bandera, controla el país, afirmaba sabiamente el neomarxista Antonio Gramsci. Y todo por el añejo mantra del temor reverencial a ser demonizada como la exponente insigne de la AntiEspaña inoculada por tierra, mar y aire durante cuarenta años de lobotomía, y otros cuarenta de ostracismo y postración. Nada, que no aprenden nunca.

Si quieres ganar, u obtener algún rédito en la vida, debes ser tú mismo. En efecto, debes saber escuchar sí los vientos provenientes del entorno, pero éste también tiene, por definición, que adecuarse a tus planteamientos estratégicos, e irlos familiarizando para que vayan impregnándose en el tejido social y cultural del país en cuestión, y terminar refundiéndose, como conceptos y nociones válidos y asumiblemente aceptables, hasta conformar una mayoría social. Que es cuanto se ansía postulándose a posiciones de acceso al poder.

Si la izquierda no se exhibe y muestra nunca tal y como se cataloga como tal, en su idea de España (en todos sus órdenes), ¿cómo va a ser concebida como un actor político y social digno de respeto y estimación por sus conciudadanos? Para obrar en sentido contrario, mejor, que no se presenten. Y no padecerán tantos desengaños y desilusiones, cinceladas en su piel, como si de un elemento inherente a su ser se preciara dado. Menos moral de cordero, y más osadía en pos de la reconquista de la autoridad moral perdida en las tres últimas décadas, coincidiendo con el vendaval de auge imparable del neoliberalismo.

No se aprecian visos de voluntad política, pues, pero tampoco de transformación social. En España, la conquista de un Campeonato del Mundo de fútbol moviliza en mayor cuantía al personal concernido que, a modo de ejemplo, la depauperación de nuestro sistema del Bienestar. Y síntomas de dicho género no pueden soslayarse en nuestro análisis sesudo de la situación global y holística de nuestras virtudes (pocas) y miserias (muchas) que nos definen como tales.

Las nuevas generaciones se hallarán mejor formadas, académicamente hablando (no lo desmentiré), pero, con respecto a las anteriores, han perdido un componente de nuestra esencia que les hacía poseedores de una hoja de ruta, de una suerte de principios, convicciones y moral indestructibles frente a los abusos del poder: la conciencia en sí y para sí, de quiénes son, de dónde provienen y su lugar en un mundo en el que, por definición, siempre existirá un grupo de contrapoder no ungido por vía electa y democrática privilegiado y poderoso dispuesto a socavar sus derechos, hoy más amenazados que nunca, aunque no lo sepan (aquéllos), o no opten por acogerse a una realidad tan indigesta como palmariamente real. Han ganado la batalla.

Les aconsejo encarecidamente el tomo Un mundo feliz, escrito por Aldous Huxley. Este autor supo, como nadie desde una perspectiva distópica, retratar la sociedad de nuestro tiempo ochenta años con anterioridad a su gestación. Todo un genio profético.

Así, en España existen dos corrientes de opinión: la de aquéllos partidarios de un cambio produndo y estructural, participativo e inclusivo, aunque no contemporizador, que se dirija y orienta a la resolución de los problemas públicos que se hallan enquistados en España, desde la raíz; los segundos, proclives al mantenimiento del statu quo vigente, con el simple distingo de un cambio de carices, preservándose las líneas fundamentales de nuestro sistema político, económico, laboral, cultural y en cuanto a modelo de convivencia. Son mayoría los segundos.

En fin... Algún día, no muy remoto, expondré mis impresiones al albur de mi bagaje formativo e intelectual labrado durante años acerca de la temática abierta en este post. Pero, en la actualidad, me encuentro cansado y sin demasiada concesión a la galaría a la hora de afrontar según qué determinados esfuerzos.

Únicamente deseaba trasladar mi pesar ante un futuro que se presagia sumamente lúgubre, y negro, y del que presiento que voy formando parte, cada vez en menor medida del mismo.

Un cordial saludo, aunque sé que hoy no habré agradado a algunos de mis lectores. No siempre puede complacerse el paladar de todo el mundo. Y mi ejemplo hoy así lo escenifica.

Un placer.
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'¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo, si pierde su alma?', San Ignacio de Loyola (1491-1556).
'Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda', Martin Luther King (1929-1968).

Editado por última vez por Siberian Husky; 08-10-17 a las 15:36
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Re: Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

Siberian Husky, tus intervenciones- aunque muy intelectuales y supone mayor o menor esfuerzo seguirlo- son por lo demás muy explicativas y analíticas definiendo en este caso de manera sobresaliente, a mi modo de ver, el contexto y marco del estado de cosas y la razón por las que son así y como temes seguirá.

pd: y desde luego- al contrario de muchas opiniones de los bandos que lamentablemente se generan con harta frecuencia, punto de vista moderado, sensato e imparcial.
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Re: Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

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....me encuentro cansado y sin demasiada concesión a la galaría a la hora de afrontar según qué determinados esfuerzos.....

Únicamente deseaba trasladar mi pesar ante un futuro que se presagia sumamente lúgubre, y negro, y del que presiento que voy formando parte, cada vez en menor medida del mismo...
Animo mi can siberiano, a clarificar ese futuro negro cada quien desde su trinchera, podre no compartir ideologias contigo pero compartimos el mismo mundo y el mismo futuro, asi es que arriba, quizas sea bueno menos texto y mas accion.

Saludos.
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Re: Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

http://www.elmundotoday.com/2017/10/...lica-catalana/

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Re: Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

Nuestros "amigos" de Charlie Hebdo también opinan:
http://m.20minutos.es/noticia/315770...ue-los-corsos/

(yo NO soy Charlie)
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Re: Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

http://www.elmundotoday.com/2017/10/...5-en-cataluna/
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Re: Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

Agotado en Alicante para el sorteo de Navidad el 00155 que coincide con el artículo de la Constitución:
http://www.diarioinformacion.com/ali...5/1947993.html
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Re: Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

Dejo aqui este video que no está relacionado directamente con el post pero es muy interesante y ciertamente esclarecedor del estado de cosas de nuestro sistema.


https://www.youtube.com/watch?time_c...&v=k8vVEbCquMw
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Antiguo Hoy, 02:38
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Re: Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

Cita:
Escrito originalmente por Unbreakable Ver post
Animo mi can siberiano, a clarificar ese futuro negro cada quien desde su trinchera, podre no compartir ideologias contigo pero compartimos el mismo mundo y el mismo futuro, asi es que arriba, quizas sea bueno menos texto y mas accion.

Saludos.
Te agradezco el detalle del consuelo que me brindas, Unbreakable, el cual yo estimo sobremanera.

Que conste que yo, por encima de cualquier otra consideración, me declaro un demócrata convencido, un republicano en el sentido expuesto por Jürgen Habermas, cuando alegaba que "una República no constituye, simplemente, una forma de gobierno, o un modo de concebir una arquitectura político-institucional, sino una forma de vida que va cimentándose en el día a día en cada acción, de lo singular a lo colectivo, por todos y cada uno de sus ciudadanos".

Por ese motivo, yo me desenvuelvo perfectamente bien en el terreno de la comprensión de las discrepancias. De hecho, en el plano sentimental he llegado a contraer vínculos afectivos con personas conservadoras, un tanto distantes de mi planteamiento ideológico.

Por otra parte, y como bien esgrimía uno de mis referentes por antonomasia, Vicenç Navarro (poco conocido en España, pero sumamente célebre en el mundo intelectual, económico y académico internacional, quizá como consecuencia de su alejamiento de los postulados defendidos por el status-quo), Catalunya tampoco ha supuesto, en los cuarenta años que conllevamos de travesía democrática desde la Transición, el oasis sobre el que tanto se jactaba el pujolismo, libre de corrupción sistémica y endémica, clientelismo, subdesarrollo social, e injerencia en los medios de radiotelevisión públicos. De hecho, España, por una parte, y Catalunya, por otra, no entrañan, en tales materias, sino el común denominador de nuestra propia esencia: la patrimonialización de lo público en manos privadas; la deficiente gestión política, económica, social, laboral y cultural de ambos gobiernos; la depredación insaciable de unas élites (el 35% de la población) extractivas de los recursos puestos a su disposición, en detrimento del interés general, con fines espúreos; y la demonización del contrario: en España, el enemigo a batir se personifica en la figura de la izquierda emanada de la tradición republicana, de la AntiEspaña abatida en 1939 (y que está comenzando a reflorecer, tras décadas de letargo); en Catalunya, son invisibilizadas las voces de la izquierda no nacionalista (en TV3, o en Ràc 1), potenciándose la dimensión viral de las intervenciones de la caverna nacionalista españolista, para, así, deformar la visión del conjunto de España en la sociedad catalana. Como tiene de igual modo lugar en TVE, Telemadrid, la TVG, hasta su cierre en Canal Nou -en la Comunidad Valenciana-, o en los entes más derechistas, como 13TV, en sentido diametralmente invertido.

En suma, ambas derechas se retroalimentan: PP y CiU (hoy, PDCat) han colegislado, siempre que la oportunidad aritmética en lo parlamentario, se lo han permitido, tanto en el Congreso de los Diputados en España, como en el Parlament de Catalunya, pues comparten un mismo horizonte en cuanto a políticas públicas (más bien, de desfalco de lo público), en los ámbitos sociales y económicos. Se han financiado irregularmente (Gürtel, Púnica, casos Pujol y Palau de la Música, 3%) de las comisiones obtenidas por mediación de adjudicaciones poco transparentes en contratos públicos sumamente lucrativos... para las empresas próximas a su entorno de poder y para los beneficiarios de tales mordidas, y en desdoro de los contribuyentes, de ambas orillas del Ebro. Y la burguesía catalanista conservadora respaldó y amparó el golpe de Estado de 1936, cobijándose perfectamente junto a sus homólogos de Madrid, durante una buena proporción de vigencia del régimen franquista.

Pero, aun así, el grueso de la responsabilidad política cabe imputársele al gobierno central, pues de él (como el propio Tribunal Constitucional reconoce en su jurisprudencia) se deben desprender iniciativas de elevado alcance a nivel político, a fin de solventar un contencioso que, de ningún otro modo, puede hallarse abocado a su resolución. Esto es, propiciar el encaje político-institucional y sentimental, de una Comunidad Autónoma crecientemente desapegada del resto del Estado español.

Se equivocan quienes sostienen, desde el resto de España, que el episodio registrado desde 2012 es producto de la tentativa de los altos mandos de la extinta Convergència, en aras de taponar su responsabilidad ingente en las tramas múltiples de corrupción que les han salpicado. En efecto, la crisis económica ha incidido parcialmente en la génesis del proceso, pero he de afirmar que el movimiento cívico de reivindicación del derecho a decidir, proveniente de Catalunya, es, mayoritariamente y con matices, de izquierda.

Aunque Carles Puigdemont (y, hasta hace unos años, Artus Mas) capitanee, en teoría, como President, siendo miembro del PDCat, el mismo, ello se ha traducido en la desesperada estrategia, adoptada, sólo en los últimos años, por los convergentes catalanes, a fin de procurar preservar las riendas del poder institucional, surfeando las olas de un fenómeno que ni ellos impulsaron, tampoco promovieron, ni tan siquiera alentaron en ningún momento. Si de la antaño Convergència hubiera mediado, habría articulado su hoja de ruta -como, de facto, aducía como principal ariete electoral hasta, aproximadamente, el año 2013- en torno al pacto fiscal, de similar alcance al existente en el País Vasco.

Muchos de los entroncados dentro del bloque soberanista no son, como tales, partidarios de la escisión de España. Dicho sector se halla nutrido de una mayoría, amplia en su seno, que propende a que el derecho a la autodeterminación de los pueblos se recoja en nuestro ordenamiento jurídico-constitucional -algo no reconocido en nuestra Carta Magna, pero perfectamente debatible y susceptible de inclusión, reforma mediante de la misma-.

¿En qué consiste el derecho a la autodeterminación de los pueblos? Pues en que, si una comunidad políticamente organizada de un Estado así lo determinara, en base a unas reglas del juego democráticamente válidas y universalmente respetadas y reconocidas, considerar su encuadramiento, así como su relación jurídica con aquél, en régimen de libertad y en pie de igualdad.

El derecho a decidir no se asimila a la independencia. Sino a que, en una consulta legal y con garantías, la ciudadanía con derecho a voto se exprese y emita su veredicto al respecto, pudiendo decantarse, generalmente -aunque podrían recogerse otras fórmulas- por dos opciones: Sí, o No.

La cláusula del derecho a la autodeterminación de los pueblos se halla reconocida por las Naciones Unidas y, hasta los años 80, figuraba incrustado en el ADN de toda formación política que se dignara en declararse mínimamente de izquierdas. Incluido el PSOE en España.

Lean la resolución que se cristalizó tras el célebre congreso de Suresnes, en 1974, en el que Felipe González, por entonces Isidoro, fue designado Secretario General del partido, relevando a Rodolfo Llopis. La autodeterminación de los pueblos de España era defendida numantinamente y con tanto fervor y ahínco como la plena restitución de las libertades democráticas, y la una sin la otra no podían sino complementarse como un propósito unívoco y compartido, al servicio de los españoles.

Sin embargo, y como consecuencia del 23-F, presiones del Ejército y de la Monarquía hicieron que los socialistas, ya en el poder, fueran arrinconándolo, hasta, prácticamente, haberlo convertido, primero, en un anatema, y por último, en un principio ajeno y francamente contrario a su posicionamiento político.

Y no es cierto el hecho de que no se contemple, en perspectiva comparada, en ninguna otra Constitución del mundo. En Estados Unidos, por ejemplo, cada Estado de la Federación contempla en su legislación tal posibilidad. Es decir, si al Estado de Texas se le antojara redefinir su estatus político-jurídico en el conjunto de la Federación, podría propiciar una consulta a la ciudadanía, para que ésta dictara sentencia, en una sentido favorable o no. Comprendiéndose la hipótesis de la secesión. Pero, como ello no ha sido considerada una cuestión de capital importancia para sus legisladores, ni tampoco para el conjunto mayoritario de su población, nunca se ha conllevado a la práctica.

¿Qué sujeto, jurídicamente definido como tal, participaría en una consulta de dichas características? Los ciudadanos circunscritos al territorio objeto de discusión. Es decir, en España, de ampararse en nuestro Estado de Derecho la observancia de dicho principio, cada Comunidad Autónoma sería portadora de dicha credencial: Andalucía, Galicia, Cantabria, Euskadi, Extremadura, Región de Murcia, Comunidad Valenciana, etcétera. Porque se partiría de la premisa de que, en virtud del principio de subsidiariedad presente en la legislación europea, nadie más atinado que el propio residente en las circunscripciones de la entidad política declarante debería ser partícipe de dicho mecanismo habilitado para ello.

En España, así como en cualquier otro sistema democrático parlamentario, ya se conciben otras herramientas orientadas a la expresión de la voluntad popular registrada en el conjunto del Estado, como el referéndum consultivo, puesta en marcha en 1986 (con motivo del referéndum para la OTAN, y en 2005, cuando los españoles debieron ratificar, con su papeleta, la finalmente nonata Constitución Europea).

Voy a ilustraros una situación cotidiana que permitirá un grado de comprensión diáfano la incomprensón que provoca, en el resto de España, la imposibilidad de que el conjunto del pueblo español pueda declarar su parecer, en relación con Catalunya: en una comunidad de vecinos, la junta, al interpelar a sus miembros acerca de las bondades y de la conveniencia del coste conjunto, entre todos ellos, de una derrama, ¿pide que ellos, como residentes en la misma, voten en consecuencia, al ser los máximos interesados en el asunto en cuestión, o tendría que obedecer al municipio al que todos pertenecen, y se encuentras censados, el ámbito de referencia al que atenerse? Casi todos convendrán en que sean los inquilinos de ese bloque de pisos quienes se inmiscuyan en tales vicisitudes.

El problema catalán, que no es sino el español, permanece algo más de cinco años enquistado en la agenda político-institucional. Tiempo hubo de explorar alguna senda, por parte del Gobierno de Rajoy, para su apaciguamiento, y en la búsqueda del entendimiento, de tendimiento de puentes entre las partes. Y, sobre todo, para la reforma integral y en profundidad de unas instituciones, de un sistema político, electoral, judicial, laboral, mediático y, finalmente, constitucional, que precisan de una cirugía de hierro inaplazable, que no admiten mayor demora.

Pero no existe voluntad política alguna. Porque, como buen empresario electoral, la derecha española (el PP, y en la actualidad, Ciudadanos, a quien le atribuyo un incremento en su estimación de voto en las próximas semanas) es conocedora de que, agitando el mantra del anticatalanismo, obtendrá jugosos réditos; el eje identitario primará sobre el social, y ello siempre penaliza a la izquierda, la cual no ha sabido inocular a sus huestes su concepción diferencial de España, pues ochenta años de tergiversación de nuestra historia pasada y reciente se hacen presentir, y mucho, en la conciencia de los españoles, quienes actúan al dictado de unos mass-media hoy, abrumadoramente, en manos del ideal conservador.

El PSOE (o el PSC, en Catalunya) podría haber desempeñado un rol decisivo en la reconducción de la situación a la deriva en la que nos hallamos sumergidos. Pero los socialistas, tiempo ha que abandonaron cualquier apelación a la pulsión transformadora que, como partido de izquierda, algún día llegaron a profesar, y hoy se halla alineado, inequívocamente, en defensa del ordenamiento vigente y del sistema que, no olvidemos, construyó como principal fuerza hegemónica en los años 80. Todo ello, en lugar de sobrevivir más allá de un régimen político determinado, como si se afanara en perecer al lado de la criatura que creó junto a la UCD, sin la cual, pareciera no entender su razón de ser ni su lógica de existencia. Los socialistas, en síntesis, se han pertrechado tanto como garantes de la estabilidad y el orden que, en nombre de todos esos parámetros, han terminado olvidando a quienes siempre se han debido, por razón de su dilatado caudal histórico: a la clase trabajadora, a las clases populares víctimas del austericidio que los gobiernos de ese Estado -y, en algunos casos, con la estampa su firma- legalizaron la precariedad, la exclusión social, el fomento de las desigualdades, la impotencia frente a los abusos de poder del poder financiero, el cual nunca es elegido y, sin embargo, goza de tantas mercedes por los representantes a quienes nosotros designamos y les retribuimos por ello, y la resignación.

Como corolario a mi intervención, destacar que resulta entristecedor a todas luces que los valedores del cumplimiento de la legalidad desde el Estado sean los mismos que la han violado vil y flagrantemente durante muchos años, como el Rey (a raíz de los problemas judiciales experimentados por su familia directa, y quien no ha sido ratificado en su cargo, sino por transmisión hereditaria), o el Presidente Rajoy, a la cabeza de una organización política definida, auto judicial mediante, de organización criminal; y que en Catalunya, para una mísera ocasión en la que en nuestro país un compromiso resultante de un programa electoral se cumple, esto es, el derecho a decidir por parte de la coalición vencedora Junts per Sí, en las elecciones autonómicas de 2015, sea motivo de chanza, burla, desdeñosidad y/o desprecio en el resto de España.

Al independentismo se le podría haber derrotado. Pero por el camino democrático, en un referéndum legal y pactado. Como en el Reino Unido, con Escocia, hace unos años. Presentando un proyecto renovador, atractivo, cautivador y plagado de ilusión. Para los catalanes y para el conjunto de los españoles, suscribiéndose, emulando al mismo Rousseau, un nuevo contrato social desde cero, para reanudar con mayor impulso, si cabe, los flecos pendientes que en 1978 no pudieron sortearse.

Pero, en su lugar, Madrid se ha escudado en la justicia. Ha eludido su responsabilidad histórica, haciendo alarde una dejación de funciones inaceptable. Porque se sabe incapaz de engendrar una nueva era política de progreso. Porque, a la postre, de lo que carece España, a día de hoy, es de proyecto futuro alguno que se precie dado en ser llamado con tal nombre. Lisa y llanamente.

Curioso el hecho de que, en el resto de España, el diálogo se desatienda como una quimérica imposibilidad ante unos 'golpistas' que han desobedecido la legalidad vigente, pero sí se asume con naturalidad el entablamiento de contactos, por PP y PSOE, con una organización terrorista, como ETA, sin renunciar ésta última, en aquellos momentos, a su naturaleza violenta. Que alguien explique esa distinción arbitraria de criterio, pues, por mucho que lo pueda meditar, no la comprenderé jamás.

España no ha aprendido de su historia, ni de sus falaces errores de miopía política, y de cortoplacismo. Desde el desembarco del Duque de Alba en los Países Bajos, cuando aún nos pertenecían, hasta la pérdida de nuestros últimos bastiones en Ultramar -Cuba, Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam, pasando por el desmembramiento del Imperio en el siglo XIX. Se muestra inerme a la hora de conciliar la rica multiplicidad de sus gentes, de sus convenciones sociales, de su patrimonio histórico, lingüístico y cultural. Siempre ha terminado virando hacia la represión de las diferencias y, lejos de evitar la amputación de sus costuras, acarreó, sin excepciones, la aceleración de los acontecimientos, comportando un signo desfavorable.

Ojalá con Catalunya no acontezca de forma similar, aunque, con medidas como la de la aplicación del artículo 155 en su sentido más maximalista, mucho me temo que, en muy poco tiempo, asistamos a otro capítulo más de la abrupta historia bosquejada por nuestro país.

La pregunta que os dejo en el tintero, y sobre la que la sociedad española, en su mayoría, no se ha pronunciado nunca al respecto, es la siguiente: la Constitución española de 1978 -y su marco jurídico-institucional-, ¿debería ser declarada como el punto de partida -como creían los adscritos a la ruptura democrática en la Transición- por el que proseguir avanzando hacia un modelo democrático de convivencia más avanzado en lo social, y plurinacional en el reconocimiento de la diversidad territorial, lingüística y cultural, o como el epílogo final, de cierre y blindaje, sin posibilidad de reajuste en un sentido más amplio, como tres de los cuatro grandes partidos políticos españoles proclaman de ordinario y de forma recurrente y habitual en su discurso oficial?

Os adjunto una columna de opinión cuyo contenido comparto plenamente, y la cual describe gráficamente mi visión personal del tema expuesto en este post, hasta ahora, tan civilizado y sobrio, abierto por pussycontrol.
https://www.infolibre.es/noticias/op...0786_1023.html

Un cordial saludo a todos.
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'¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo, si pierde su alma?', San Ignacio de Loyola (1491-1556).
'Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda', Martin Luther King (1929-1968).

Editado por última vez por Siberian Husky; Hoy a las 06:08
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Re: Cataluña ya fue independiente en el siglo XVII

Posicionándome como dejé señalando en un terreno neutral, me gustaría S.Husky empero conocer tu opinión sobre el estado de autonomías de la Constitución del 78, concretamente sobre si tal disposición no te parece que da mas que suficiente autonomía (precisamente) para no que no tuviera que querer la independencia de la forma tan acentuada que lo hace en los últimos años: en ese crescendo paulatino pero ya continuo y por las razones que tan bien expones.

Me gustaría saber como digo tu percepción al respecto.
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