La cajita de Peter Pan: enero 2010
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Etta James, una de las grandes damas del soul y el rhythm and blues, dueña de un carácter inconformista y único y con una inconfundible cabellera teñida de rubio platino, nació en Los Ángeles en 1938. En cierta forma su carrera corrió paralela a la de Michael pues tenía desde muy pequeña una voz prodigiosa y eso le permitió comenzar a cantar de manera semiprofesional en la radio con ni más ni menos que con cinco años. De hecho, según la revista Rolling Stone, está entre los 25 mejores cantantes de la historia.
La década de los sesenta fue la época de mayor gloria de Etta. Los éxitos se sucedían y era reconocida como una de las grandes del soul y el R&B. A pesar de que cantaba baladas aterciopeladas, como la exitosa All I could do was cry, no olvidaba el lado más amargo, el que más desgarra del soul y te pone el alma en la boca y a la vez te hace bailar, con temas como Something's got a hold on me.
Ya en 1967 grabó uno de sus temas clásicos y más conocidos, Tell mama. Poco a poco fue encaminándose a sonidos más contemporáneos y jazzísticos, aunque por supuesto sin dejar de lado su "alma de blues". Etta, que no sólo es cantante, sino también compositora, en la actualidad tiene 72 años y no se ha retirado de los escenarios.
Con estos antecedentes artísticos, y siendo la década de los sesenta y setenta las mayores de gloria en su historial, era normal que aquel chiquillo de enormes ojos oscuros, dentadura perfecta y cara de ángel aunque se moviera como un demonio, sintiera una rendida admiración hacia ella.
En una entrevista concedida el 12 de mayo de 1978, Etta cuenta la siguiente anécdota que surgió cuando Michael tenía sólo nueve años.
En mayo de 1968, los Jackson Five habían sido invitados a una actuación para volver al Apollo, pero esta vez pagándoles. Ya empezaban a ser unos artistas profesionales. En el programa tenían previsto actuar junto a Etta James, Joseph Simon y The Five Stairsteps and Cubie . Curiosamente, Joseph Simon comenta:
Michael era un trabajador incansable. Algo en mí me decía que él era un enano. Oí decir que su padre era un hombre hábil para los negocios, y que sólo alguien como él podía hacer pasar a un enano por un niño. Recuerdo haberme acercado a Michael y haberlo estudiado muy de cerca, pensando: "Vamos, este chico, ¿es un enano o no?""Eh, ¡¡basta ya de mirarme fijo!!" -me dijo él.
Pues bien, Etta James, al igual que Joseph Simon y que otros tantos que compartieron escenario con el joven Michael, también quiso recordar alguna anécdota, como la vez en que se conocieron. Una historia que nos dice mucho, muchísimo, de las ganas de aprender innatas y de la personalidad de este chiquillo maravilloso. La recoge Randy Taraborrelli en "La magia y la locura":
Hace diez años, en mayo del 68, actuamos en el Apollo. Recuerdo que este chiquito tenía mucho talento, y era muy educado y se mostraba muy interesado. Yo estaba en medio de mi actuación, haciendo lo mío en el escenario, y mientras estoy cantando Tell Mama, veo a ese muchachito negro mirándome entre los bastidores. "¿Quién es ese chico? Me está distrayendo", me dije. Enotnces, en medio de dos canciones, aprovechando que el público estaba aplaudiendo, fui hasta donde estaba él y le susurré: "¡¡Vete, niño!! ¡Fuera de aquí! Me estás molestando. Ve a mirar desde donde está el público".
Le di un susto que casi se muere. Tenía unos grandes ojos marrones, los abrió enormes y salió corriendo. Unos diez minutos después, ahí estaba el chico otra vez. Pero ahora, delante del escenario, a un lado. Y miraba cada cosa que yo hacía.
Después del espectáculo, cuando estaba en mi camerino quitándome el maquillaje, oigo que llaman a la puerta.
- ¿Quién es?
- Soy yo.
- ¿Quién es yo?
- Michael -dijo la joven vocecita.- Michael Jackson.
- No conozco a ningún Michael Jackson.
-Sí, si me conoce. Yo soy el chico al que le dijo que se fuera.
Etta, una mujer bastante robusta y con ese pelo inconfundible teñido de rubio, entreabrió la puerta, miró hacia abajo y se encontró a un chiquillo de nueve años que la miraba maravillado con unos enormes ojos marrones.
- ¿Qué quieres, niño?
Michael, en lugar de amedrentarse, y, nada tímido, le soltó:
- Señora James, mi padre me dijo que viniera aquí y le pidiera disculpas. Lo siento, señora, pero sólo estaba mirándola, porque usted es tan buena... Es realmente muy buena. ¿Cómo lo hace? Nunca vi a la gente aplaudir de ese modo.
Etta se sintió enormemente halagada. Sonrió y le dio una palmadita al crío en la cabeza.
- Entra y siéntate conmigo. Puedo enseñarte algunos trucos.
No recuerdo exactamente qué le dije. Pero cuando se iba pensé: "Este es un chico que quiere aprender de los mejores, y así algún día va a ser el mejor".
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Etta James, una de las grandes damas del soul y el rhythm and blues, dueña de un carácter inconformista y único y con una inconfundible cabellera teñida de rubio platino, nació en Los Ángeles en 1938. En cierta forma su carrera corrió paralela a la de Michael pues tenía desde muy pequeña una voz prodigiosa y eso le permitió comenzar a cantar de manera semiprofesional en la radio con ni más ni menos que con cinco años. De hecho, según la revista Rolling Stone, está entre los 25 mejores cantantes de la historia.
La década de los sesenta fue la época de mayor gloria de Etta. Los éxitos se sucedían y era reconocida como una de las grandes del soul y el R&B. A pesar de que cantaba baladas aterciopeladas, como la exitosa All I could do was cry, no olvidaba el lado más amargo, el que más desgarra del soul y te pone el alma en la boca y a la vez te hace bailar, con temas como Something's got a hold on me.
Ya en 1967 grabó uno de sus temas clásicos y más conocidos, Tell mama. Poco a poco fue encaminándose a sonidos más contemporáneos y jazzísticos, aunque por supuesto sin dejar de lado su "alma de blues". Etta, que no sólo es cantante, sino también compositora, en la actualidad tiene 72 años y no se ha retirado de los escenarios.
Con estos antecedentes artísticos, y siendo la década de los sesenta y setenta las mayores de gloria en su historial, era normal que aquel chiquillo de enormes ojos oscuros, dentadura perfecta y cara de ángel aunque se moviera como un demonio, sintiera una rendida admiración hacia ella.
En una entrevista concedida el 12 de mayo de 1978, Etta cuenta la siguiente anécdota que surgió cuando Michael tenía sólo nueve años.
En mayo de 1968, los Jackson Five habían sido invitados a una actuación para volver al Apollo, pero esta vez pagándoles. Ya empezaban a ser unos artistas profesionales. En el programa tenían previsto actuar junto a Etta James, Joseph Simon y The Five Stairsteps and Cubie . Curiosamente, Joseph Simon comenta:
Michael era un trabajador incansable. Algo en mí me decía que él era un enano. Oí decir que su padre era un hombre hábil para los negocios, y que sólo alguien como él podía hacer pasar a un enano por un niño. Recuerdo haberme acercado a Michael y haberlo estudiado muy de cerca, pensando: "Vamos, este chico, ¿es un enano o no?""Eh, ¡¡basta ya de mirarme fijo!!" -me dijo él.
Pues bien, Etta James, al igual que Joseph Simon y que otros tantos que compartieron escenario con el joven Michael, también quiso recordar alguna anécdota, como la vez en que se conocieron. Una historia que nos dice mucho, muchísimo, de las ganas de aprender innatas y de la personalidad de este chiquillo maravilloso. La recoge Randy Taraborrelli en "La magia y la locura":
Hace diez años, en mayo del 68, actuamos en el Apollo. Recuerdo que este chiquito tenía mucho talento, y era muy educado y se mostraba muy interesado. Yo estaba en medio de mi actuación, haciendo lo mío en el escenario, y mientras estoy cantando Tell Mama, veo a ese muchachito negro mirándome entre los bastidores. "¿Quién es ese chico? Me está distrayendo", me dije. Enotnces, en medio de dos canciones, aprovechando que el público estaba aplaudiendo, fui hasta donde estaba él y le susurré: "¡¡Vete, niño!! ¡Fuera de aquí! Me estás molestando. Ve a mirar desde donde está el público".
Le di un susto que casi se muere. Tenía unos grandes ojos marrones, los abrió enormes y salió corriendo. Unos diez minutos después, ahí estaba el chico otra vez. Pero ahora, delante del escenario, a un lado. Y miraba cada cosa que yo hacía.
Después del espectáculo, cuando estaba en mi camerino quitándome el maquillaje, oigo que llaman a la puerta.
- ¿Quién es?
- Soy yo.
- ¿Quién es yo?
- Michael -dijo la joven vocecita.- Michael Jackson.
- No conozco a ningún Michael Jackson.
-Sí, si me conoce. Yo soy el chico al que le dijo que se fuera.
Etta, una mujer bastante robusta y con ese pelo inconfundible teñido de rubio, entreabrió la puerta, miró hacia abajo y se encontró a un chiquillo de nueve años que la miraba maravillado con unos enormes ojos marrones.
- ¿Qué quieres, niño?
Michael, en lugar de amedrentarse, y, nada tímido, le soltó:
- Señora James, mi padre me dijo que viniera aquí y le pidiera disculpas. Lo siento, señora, pero sólo estaba mirándola, porque usted es tan buena... Es realmente muy buena. ¿Cómo lo hace? Nunca vi a la gente aplaudir de ese modo.
Etta se sintió enormemente halagada. Sonrió y le dio una palmadita al crío en la cabeza.
- Entra y siéntate conmigo. Puedo enseñarte algunos trucos.
No recuerdo exactamente qué le dije. Pero cuando se iba pensé: "Este es un chico que quiere aprender de los mejores, y así algún día va a ser el mejor".